TRABAJO PRÁCTICO EGIPTO Y MESOPOTAMIA: FUENTE - LA SATIRA DE LOS OFICIOS
La Sátira de los Oficios. Dinastía XII. [J. M. Serrano
Delgado, Textos para la Historia Antigua de Egipto (Madrid
1993) 221-224].
“Comienzo de la instrucción que hizo un
hombre de Silé llamado Dua-Hety para su hijo llamado Pepy, mientras marchaba al
sur hacia la Residencia para situarlo en la escuela de los funcionarios y los
más destacados de la Residencia.
Le dijo: "He visto a los que han sido
apaleados. ¡Aplícate a los libros! He visto a los que fueron llamados al
trabajo. Mira, nada hay mejor que los libros; son como un barco en el agua. Lee
al final del Libro de Kemyt y encontrarás allí el proverbio que dice: 'Con relación
al escriba en un puesto cualquiera de la Residencia, no sufrirá allí'. Ya que
satisface las necesidades de otro, ¿cómo no va a terminar satisfecho? No he
visto función comparable a ésta, de la que decirse puedan estas máximas. Voy a
hacer que ames los escritos más que a tu madre; voy a presentar sus bondades
ante ti. Es más grande que cualquier otra función; no existe en la tierra su
igual. Cuando (aún no) es (más que) un niño, ya comienza a florecer. Se le
saluda; es enviado para realizar misiones. Cuando (aún) no ha alcanzado (la
edad) ya lleva faldellín (?). Nunca vi a un escultor como mensajero, ni que un
orfebre fuera enviado.
He visto al herrero en su trabajo, a la
boca de su horno. Sus dedos son como garras de cocodrilo, y apesta más que las
huevas de pescado. El carpintero que esgrime la azuela está más fatigado que un
campesino; su campo es la madera; su arado es la azuela; su trabajo no tiene
fin. Hace más de lo que sus brazos pueden hacer. Aún durante la noche tiene la
luz encendida. El joyero golpea con el cincel, sobre todo tipo de duras
piedras. Cuando ha terminado de rellenar un Ojo, sus brazos están exhaustos, y
se encuentra fatigado. Está sentado hasta la puesta de sol, con sus rodillas y
espalda encorvadas.
El barbero está afeitando hasta el final
de la tarde. Tiene que conducirse a sí mismo a la ciudad; tiene que llevarse a
sí mismo a su esquina. Tiene que ir de calle en calle, buscando alguien a quien
afeitar. Tiene que esforzar sus brazos para llenar su vientre, como la abeja,
que come de acuerdo con lo que ha trabajado. El cortador de cañas ha de viajar
al Delta para coger flechas. Después de haber hecho más de lo que sus brazos
pueden hacer, los mosquitos lo han destrozado, las moscas lo han matado y ha
quedado completamente rendido. El alfarero ya está bajo tierra, aunque aún
entre los vivos. Escarba en el lodo más que los cerdos, para cocer sus
cacharros. Sus vestidos están tiesos de barro, su cinturón está hecho jirones.
El aire que entra en su nariz sale derecho del horno. Fabrica con sus pies un
peso con el que él mismo es triturado. Cava el patio de todas las canas y vaga
por los lugares públicos.
Te hablaré también del albañil. Sus lomos
son un castigo. Aunque está en el exterior, al viento, construye sin (la
protección de) un toldo. Su taparrabos es una cuerda entrelazada y un cordel en
su trasero. Sus brazos están agotados por el esfuerzo, habiendo mezclado todo
tipo de suciedad. Come pan con sus dedos, aunque se lava al mismo tiempo (?).
También hay miseria para el carpintero... la habitación mide diez codos por
seis. Pasa un mes después de que las vigas hayan sido puestas... Todo el
trabajo está hecho, y el alimento que lleva a su casa no [es suficiente] para
sus hijos.
El jardinero soporta un yugo; sus hombros
están combados (como) por la vejez. Hay en su cuello una gran hinchazón, que
está supurando. Por la mañana riega las plantas; pasa la tarde atendiendo a los
vegetales, mientras que al mediodía se afana en el huerto. Él mismo trabaja
hasta que muere, más que cualquier otra profesión. El campesino se lamenta más
que una gallina pintada; su grito es más fuerte que (el de) los cuervos. Sus
dedos están hinchados, y apestan tremendamente. Está débil, habiendo sido
adscrito al Delta, hecho jirones. Está bien, si se está bien en medio de
leones... Cuando alcanza por la noche su casa, la marcha lo ha
agotado.
El fabricante de esteras en su taller está
peor que una mujer, con sus rodillas contra su pecho. No puede tomar aire. Si
malgasta un día sin tejer, recibe cincuenta golpes. Ha de darle alimentos al
portero, para que le permita ver la luz del día. El fabricante de flechas lo
pasa muy mal cuando sale al desierto. Es más lo que ha de dar a su asno que el
trabajo que hace para ello. Es mucho lo que ha de dar a los campesinos para que
le pongan en el (buen) camino. Cuando alcanza el hogar, por la noche, la
marcha lo ha agotado. El mercader sale al desierto dejando sus propiedades a
sus hijos, temeroso de los leones y los asiáticos. Se reconoce a sí mismo
(sólo) cuando está de vuelta en Egipto. Cuando alcanza el hogar,
(ya) de noche, la marcha lo ha agotado. Sea su hogar de tela, o de ladrillo, su
regreso está desprovisto de alegría.
Los dedos del fogonero están sucios. Su
olor es el de los cadáveres. Sus ojos están inflamados por la
intensidad del humo. No puede desprenderse de su suciedad. Pasa el día cortando
cañas y aborrece sus (propios) vestidos. El zapatero también sufre mucho,
llevando sus tinas de aceite. Está bien si se está bien entre cadáveres. Lo que
muerde es cuero. El lavandero lava en la orilla, con el cocodrilo como vecino.
'Padre, sal de la corriente (?) de agua', dicen su hijo y su hija. No es un
trabajo que satisfaga... Su alimento está mezclado con la suciedad. No hay
parte suya limpia, mientras se coloca a sí mismo entre las faldas de una mujer
en menstruación. Llora, pasando el día en la tabla de lavar. Se le dice: 'Ropas
sucias para ti...'. El cazador de aves sufre mientras busca pájaros. Cuando
pasan las bandadas sobre él se pone a decir: 'Si tuviera una red'. Pero el dios
no permite que esto le suceda, por lo que está disgustado con su situación.
Te hablaré igualmente del pescador. Es más
miserable que ninguna otra profesión. Trabaja en el río mezclado con los
cocodrilos. Cuando llega el momento del recuento (de capturas), entonces se
pone a quejarse. ¿No dice: 'El cocodrilo está (ahí)', cuando le ciega el miedo?
Cuando sale de la corriente de agua está como golpeado por el poder del dios.
Mira, no hay una profesión que esté libre
de director, excepto el escriba. El es el jefe. Si conoces la escritura, te irá
mejor que en las profesiones que te he presentado. Míralos en su miseria. Nadie
dirá-'Un campesino y un hombre'. Ten cuidado. Mira lo que he hecho viajando
hacia la Residencia. Lo hice por amor a ti. Un (solo) día en la escuela te será
beneficioso. Es (algo) para la eternidad; su trabajo es (como) piedra... Voy a
decirte además otras cosas, para enseñarte el conocimiento: si surge una
disputa, no te aproximes a los contendientes... Si marchas tras los
magistrados, ve a la distancia correcta. Si entras y el señor de la casa se
encuentra ocupado con otro ante ti, siéntate con tu mano en tu boca. No pidas
nada de él, y haz (sólo) según él diga. Guárdate de apresurarte a la mesa. Sé
serio y ten dignidad. No hables de cosas secretas. El que oculta sus
pensamientos se hace su escudo. No digas cosas atrevidas cuando estés sentado
con uno que es hostil. Si sales de la escuela, después de que te hayan
anunciado el mediodía, y vagas errante por las calles, todo al final serán
reproches para ti. Si un magistrado te envía con un mensaje, comunícalo tal
como él dijo. No omitas nada, no añadas nada a ello. Aquel que se olvida de
rogar, su nombre no perdurará. Aquel que es hábil en todas sus conductas, nada
de él habrá oculto. Nada se le opone en ningún sitio. No mientas contra tu
madre. Es la abominación del funcionario. El descendiente que hace lo que es
bueno, sus actos todos emulan el pasado. No te asocies con un alborotador; es
malo para ti que eso se oiga. Si has comido tres panes y bebido dos jarras de
cerveza, y (aún) el vientre no está satisfecho, combate eso. Si otro está
comiendo, no permanezcas (ahí); guárdate de apresurarte a la mesa.
Mira, es bueno que seas enviado
frecuentemente a escuchar las palabras de los magistrados. Conseguirás los
modales de los biennacidos, si marchas tras sus pasos. Se ve al escriba como a
alguien que escucha; el que escucha se convierte en alguien que actúa. Has de
levantarte cuando se dirijan a ti; tus pies han de apresurarse cuando marches.
No confíes. Únete a gentes distinguidas; asóciate con el hombre de tu
generación.
Mira, te he colocado en el camino del
dios. La Rennenet del escriba está en sus hombros ya el día de su nacimiento.
Llegará a la Sala del Consejo (como) uno ante quien los dioses se inclinan.
Mira, no hay escriba que carezca de comida y de bienes de palacio (v.p.s.).
Meshkenet es asignada al escriba; ella lo promociona en el consejo. Ruega a
dios por tu padre y tu madre, que te han colocado en el camino de la vida.
Atiende a estos (consejos) que he puesto ante ti, tus hijos y sus
hijos..."”.
wow
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